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El amor siempre viene precedido de la misma luz, tal vez con los mismos rostros, para empezar de nuevo y no acabar nunca de germinar. José Luis Benítez

Meisje met de Parel ("La chica de la perla"), de Johannes Vermeer.

   

LITERATURA & COMPANY

    La física cuántica (la entrega total de todo al Todo), o la transformación de los elementos.

                                       Historias de B. y C.

      De cómo C. nunca se declarará a sí mismo la verdad y tampoco se la revelará a otros, mucho menos a B., la elegida de su corazón

      8 de septiembre de 2008.

     Cuando B. mandó a C. a tomar por c., éste se sintió desconcertado ante los acontecimientos que, de improviso, se le echaron encima. Estremecido, y conmovido, en lo más profundo de su ser, todo se le removió por dentro. Nada, o casi nada, funcionaba a su alrededor, como un mal presagio. Tras el rechazo de B. llegó a tomar consciencia de sí mismo de una manera rayana a la locura, hasta el punto de casi abrírsele las puertas del abismo de su propio destino. Pues, como se sabe, el ser humano es alguien flexible que sabe adaptarse al tiempo. Sí, llegó a convencerse de que el abismo es algo muy particular ("mi abismo no es el de mi vecino", se dijo), muy inherente y coladito a todas las calamidades que él había sufrido y sobrevivido sin vacunas en apenas treinta años de vida rocambolesca. Por cierto, treinta años de vida más largos que los novecientos que se cuenta vivió Mathusalem; eso le parecía la telaraña en la que se había extructurado su cerebro con la nueva idea del cómputo temporal recién estrenado. Sí, las transformaciones le habían alterado la noción básica de intelección del espacio, devolviéndole neuronas de platino, más adaptables. 

      Bien, hasta ahora había viajado por aquí y por acullá, había bebido bastante Cocacola, catado el güisqui, sorbido el ron y chupado el Pineaut (un amigo suyo: "Arquímedes Pineaut"); estudiado mal y trabajado en el sempiterno paro obrero y de escasa remuneración. Es decir, había pasado lo suyo... y había pasado por debajo de otros que, como él, también aguantaron lo indecible (aunque no todos por igual); y sudado en definitiva más que un cangrejo en un puchero hirviente. Casi se merecía la eternidad después de tanto follón, esfuerzos a mi entender tan importantes o más que los que acometieran los héroes de la Antigüedad. Efectivamente: C. era un héroe ínclito... y períclito a la vuelta de la esquina, como casi todos los héroes.

     Se había convencido, después de tanto palo y "botellón", de que en esta vida se viene a padecer a tortas -no tortas de harina-, dado que el sibaritismo relamido y exquisito siempre ha estado reservado para unos cuantos con la bolsa repletita... Así que C. abdicó de su anterior brava potencia; y la escasa seguridad en sí mismo que le quedaba disponible se le fue literalmente al carajo.

     "El dinero es sexy, digan lo que digan", se altavoceaba con aires caribeños.

     Y tiene razón nuestro héroe: Cualquiera sobrado de grasa con unos cuantos kilos de billetes para compensar las cartucheras, posee un atractivo enorme a lo Charlize Theron u otra musa del celuloide para los hasta hoy diversos tipos y géneros de sexo que pululan por las calles y de los que cada día surgen más como por arte de magia; incluso si se es más feo que una pifia (¡vamos, esto es ya el colmo del buen atontamiento!), abundan las oportunidades para la conquista si ésta va floreada con un substancioso cheque. Nuestro amigo, ahora, padecía/presumía de lo que se ha dado en llamar "mileurismo" (=soldada básica para lo básico; no se ha inventado todavía el antídoto; los científicos siguen experimentando para hallar la fórmula): y ello por falta de otra medalla que colgarse en su pecho de corasón partío (destrozado por las penas de amor eternas; otro Wherter sin pistola).

     En donde se desentraña la misteriosa razón que tuvo B. para des/embarazarse de C.

      7 de octubre de 2008. 

     El tiempo después de un fracaso amoroso se parece mucho a las novelas de vacío de Joyce o de Borges.

     C. podía leerlas, pero no estaba curtido ni inmunizado contra esa especie de lucha metafísica para no sucumbir en el intento desaforado de tentarlas línea tras línea, con mente firme, para que no se conviertan mágicamente en cuerdas y en serpientes que envejecen y te devoran o se te enredan en el cuello para ahogarte... y luego engullirte sin más. El lector que en cambio las devora a ellas -es decir, a las víboras- tiene que estar dispuesto a ofrendar de sí lo más escabroso con tal de aquietarse milagrosamente en el rincón obscuro de la devoción. A lo mejor ahí se siente a salvo...

      Por eso C. se preguntaba tanto acerca del tiempo, ahora que no lo tenía ni lo reconocía por un igual. Y lo asociaba de manera inconsciente -sin querer- a la readaptación de una lucha infructuosa por apoderarse de un tesoro que no pertenecía a nadie si no era, en última instancia, a sí mismo. ¿Podría ser B. la personificación deífica de ese tesoro? Si era así, esta certeza ilusa ahondaba en su tremendo dolor. Y la soledad, como esos maravillosos cuentos de esos grandes autores, se colaba como sombra furtiva en la penumbra de su pobre habitación a pedirle cuentas por un pasado no vivido.

     Una noche se durmió presa de sinsabores y de terroríficas premoniciones. Intuía que algo estaba cambiando en su interior, pero ignoraba por completo la operación que se estaba produciendo en la lucha de su agitada alma.

      A los que abandonan, a los impenitentes...  ¡Oh! Escuchar en su interior el susurro macabro de la palabra "abandono" -o algo parecido a "unión total"- resonaba en su debilitada psique a una equivalencia al destrozo entero de su persona, también de otros universos que antaño orbitaran a la medida de sus componentes existenciales. El caos, y después la persecución de la nada, se parecían bastante a esa otra cara perenne de los sueños de sus pesadillas. Y todo ello nimbado de un halo de color rosa enmarcado por las curvas sinuosas de la sensualidad más atrayente y torturante que alguien con tan buena planta como B. podía mostrar al mercado repipi de la prostitución modélica en boga, compitiendo con la más pintada.

      Ahora se comprende que C. pene... como estaba peneando. El agujero negro que abre de par en par un imposible stargate para contemplar a sus anchas las bellezas vivitas y coleantes del más allá..., que en realidad estaban sentadas al borde de su mísero camastro.

       Ráfagas incomprensibles de fórmulas matemáticas le pasaban por la mente como sirocos que azotan las caras en los desiertos. Y, bañado en sudor, se debatía impotente y miserable entre las sábanas empapadas y revueltas.

       A duermevela, cabeceaba todavía...

     Una hada caritativa debió de apiadarse de su lamentable estado, y le inspiró en sueños esta fórmula mágica para ayudarle a levantarse de su postración. Le dijo que se trataba de un poderoso talismán.

      

               Luminosidad de las fases periódicas del tiempo

                               

      destrucción   acción      fortaleza   pretensión  fatuidad    violencia     

      ambición       santo       amistad    vigilancia     labor        claridad      

      egoísmo     experiencia   viajes      rezar          retiro        derramar 

      bondad         purificar    dinero      cambio       falsedad     posesión      

      tardanza       habilidad    castillo    amor          impotencia  armonía        

       diosa           mujer       riqueza   suerte        amor      sensibilidad


      (Puede leerse en vertical, horizontal o en diagonal, siguiendo siempre la colocación o numeración ordenada de los vocablos, para así poder obtener fácilmente resultados de clarividencia mental: con tal de ampliar la capacidad y las potencialidades innatas, siguiendo los sabios dictados del "hada". Verdad o mentira, C. lo recitó a menudo a partir de entonces y le infería una gran penetración intelectual.)

      Y es que, preciso es reconocerlo, lo de B. representó para C. una verdadera catástrofe. B. lo dejó plantado sin conmiseración alguna, atendiendo que su mente desarrollada conseguiría descifrar el enigma de su alejamiento, y perdonar. ¿Dónde estaba la excelencia del espíritu?, ¿en dónde se inscribía la prerrogativa del ser a demostrarse en plena connivencia con lo divino? Hasta aquí confluían todas las sentencias que, en su ánimo exaltado de romántico febril de ocasión, lo equiparaban a malas penas con la excelsitud chabacana del momento presente. El hombre -se decía en su horas amargas de desconsuelo-, ese ser dueño de la creación por designio divino, rebajado a la indignidad del mono.

     [Estaba claro que no había leído a Nietzsche, que argumentaba en los tiempos de fiebre evolucionista darwiniana que era imposible que el hombre descendiese del primate porque este último, en comparación con el anterior, era bueno.]

     Esa obsesión por haber sido burlado era insoportable para su escasa resistencia moral. B. -maquinaba en sus delirios nocturnos- debería de morir sometida al peor de los más crueles suplicios que jamás nadie arrostrara en la historia de este odioso mundo. Loco apasionado, deducía que los buenos y nobles sentimientos no tenían cabida en esta vida impía; ni la compasión.

      Quedarse estancado en las formas, en la inhalación virtual de las fragancias, vegetar en la percepción atrofiada de los sentidos... Y la mirada extraviada, puesta en el horizonte incierto y repleto de fantasmas. La propia vida anclada en lo más profundo de la decepción. La vida de los otros reflejada en el espejo de las aspiraciones fracasadas, de los sin amparo por causa de su ambición desmedida e irrefrenable.

     Exorcisar el último punto de la generación que sufre la pérdida del paraíso inalcanzable.

      No más noches llenas de caricias, no más días combados por la luz. La permanencia de los sentidos insatisfechos, atiborrados de derrotado orgullo, ante los ímpetus torpes y desgraciados de todo rostro embozado en los arcanos impenetrables.

     B. lo dejó porque, según propia confesión a una amiga cercana, no "me sentía querida", terminó.

De cómo C. logra escapar del laberinto tras enterarse por los sollozos de B. que ésta anda desnortada por el dolor

     31 de mayo de 2009.

     C. parecía vivir embutido en una bola de cristal pintada de azul. Su pensamiento chocando contra las paredes de la esfera y rebotando de nuevo en su cerebro. Ni avanzaba ni retrocedía. Se sentía noble y lujurioso, pero era incapaz de sacar provecho de su situación. Se decía ensoberbecido que para qué iba a reflexionar dos veces sobre las cosas cuando con una sobraba para dejarlas en claro. Sin embargo, intuía que no era suficiente... La figura de B. aparecía delineada y combada sobre las curvas de aquel firmamento de pintura descolorida y ya agrietada. El la contemplaba sin asomo de ternura, orgulloso de sentirse a resguardo de las miradas de B., fulminantes y acusadoras. Y se negaba a entender la exigencia de la otra parte.

      La sabiduría, en esa quimera esferoide, no consistía en desandar lo aprendido con anterioridad (estupidez manifiesta de orgullo insuperable en que mucha ciencia y filosofía mundanal se fundamenta), sino en desentrañar el poder de lo inasequible. Y eso a fuerza de aislarse del entorno.

     Esas paredes de cristal le devolvían su figura contrahecha y, por momentos, luminosa. Los colores le abrían las puertas de la percepción. Y los cuadros de museo la llave del misterio de su propia existencia.

     Pero eso no valía nada comparado con la influencia de las emociones interfiriendo en sus deseos de liberarse del sufrimiento. 

     El nuevo C. se entreveía, desgraciadamente, bastante lejos.

     El amigo C. se da cuenta de una claraboya por la que tímidamente comienza a romper la claridad

     14 de septiembre de 2009.

     Si miraba hacia la luz, contemplaba a B. Si miraba hacia la obscuridad... podía ver todas las cosas, pero representadas en la imaginación de una forma extraña, de manera que nada era permanente. Empezó a saber, que no a sentir, que las emociones tampoco fructificarían en su pensamiento. Era lo que siempre había deseado con todas sus fuerzas: divisarse a sí mismo desprovisto de toda atadura intelectual, sentimental o física. Y eso en el tiempo presente de una vida fugaz. ¿Y las consecuencias? ¿También es necesario pagar en esas condiciones? ¿Por qué habría de pagar?

     ¡Oh! C. descubre la "sinrazón de la razón" de los que el mundo llama "chiflados", que consiste para los tales afectados -según ellos- en no plegarse a nada ni a nadie ni someterse a instrumento que no surja de la fuente del propio pensamiento, que se genera dando vueltas como un trompo siguiendo el perfume de la mujer, al cobrar nueva vida por la energía acumulada. Pero sin olvidar la compasión... 

     9 de noviembre de 2009.

     "Pues, simplemente, tienes que "pagar" para no ser destruido... por esa otra parte obscura que anida en ti y que no te permite ser tú ni acepta tu individualidad de ninguna manera. Es lo que te mantiene con vida y lo que consiente, casi como una derrota, que los demás también respiren. El proceso mental de evolución es una lucha a pares, como dos caballos desbocados, que se adelantan a tus intenciones para que tú puedas recorrer el camino en lo futuro", parecía aclararle el inconsciente: el otro antiguo "yo", ya bien asentado en sus particularidades y en sus logros después de tanta lucha inútil.

      "Según esto -se consolaba-, a lo mejor B. es mi parte negativa, o la positiva, y con su alejamiento me está salvando de una catástrofe que pudiera producirse más allá del tiempo presente. Pero es muy duro el tener que bregar con las emociones propias, generadas por la incertidumbre, y que antes compartía feliz al amparo de ella. El desafío de sí mismo rompe los moldes del egoísmo que te aprisiona sin posibilidad de liberación. Y uno de los principios que marcan el inicio de la liberación es no consentir que la debilidad sentimental se interponga en tu camino. Si no lo consigues, nunca llegarás a comprender cuál es tu senda".

      "Aquí se trata de libertad interior: y no de no aceptar las reglas del juego", le advirtió su Don Yo, por si acaso.

      La verdad es que C. se extrañaba de "sí mismo", de la capacidad incipiente que estaba naciendo en su interior de poder analizar los estados de su ánimo con tanta luz.

      C.: debes de grabártelo bien en el kokete:

      Las combinaciones químicas que hacen que el organismo se mantenga con vida son tan complicadas e infinitas -y tan "normales" y "cotidianas" las marañas biológicas resultantes-, como las de cualquier psique funcional que predispone al alma. Y entre unas y otras interactúan en una simbiosis de equilibrio que semeja la maravilla de un universo en acción.

       Es un milagro incomprensible el levantarse cada mañana, asearse, desayunar y seguir escuchando, o leyendo, las noticias tempraneras de los medios de comunicación; y de agradecer de algún modo.

       Nuestro amigo estaba empezando a concebir, como consecuencia de sus pasados delirios, que estaba hecho de polvo de estrellas.

       El arte y la vida se parecen mucho, casi como dos gotas de agua. Y casi están supeditadas la una a lo otro.

       En cambio, la locura y la genialidad son desemejantes, estando la primera subordinada a la segunda.

       Entonces, el que ha tenido la desgracia de comparar el "genio" al "loco" cojea precisamente de esto último: porque mientras el loco es un oportunista -figurón/relumbrón, lustroso a fuerza de capas de barniz-, el genio se trepana el coco para inundarse con la música de las esferas, y sobrevive a su intento des/cabellado merced a la excelencia de su arte.

       Para el infante inexperto, que carece de penetración y de sentido crítico, el perro que más fuerte ladra puede parecerle, no ya el más cuerdo, sino el más justo. El arte mierdótico... sublime. Y así escalonada y sucesivamente... en una serie interminable de atropellos, descalabros y papanatadas que se pretenden inmortales. De forma que de esta inocencia/ignorancia se aprovecha, come y festeja mucho vivo del "mundanal ruido", como escribía el sabio de León. Y habría que añadir que del muerto... 

       Así que C. parecía ir despertando poco a poco de su letargo galáctico.

        [Mini-monografía: Conocimiento vs. Entendimiento. Aclaración: Aquí se incluye el vocablo "locura" haciendo referencia al sentido global del contexto artístico, aunque en principio bien pudiera extrapolarse a cualesquiera otras materias. Desde el punto de vista "cultural", por supuesto que tanto la "genialidad" como la "locura" son discutibles... dado que son conceptos emergentes de la experiencia. Pero es innegable que lo que hoy se llama "obra maestra" -atribuible comúnmente al "genio"- escapa a la comprensión holística; y, en cambio, sirve para potenciar la simbología tangencial del individuo de acuerdo con la inteligencia estructural. Puede que la "obra maestra" se pergeñe, según la creencia del artista, en un universo absoluto ("paralelo", habría que decir), pero desde luego su función última, aun siendo participativa de la dualidad, es puramente social. Y acaso sea elemento unitario en las distintas partes que componen una realidad respecto de las relaciones espaciales.

       Afirmar que la inteligencia es referencial, es cierto. E intuitiva. Añadir que el entendimiento es superior al conocimiento estructural, también no es menos cierto. La pregunta crucial es de dónde procede el tal "conocimiento", supuesto que vivimos inmersos en "conjuntos" dentro de un universo concatenable que sintetiza el todo, a su vez incluido en otro todo más amplio, según Smuts.

       De lo que se deduce que todo está inter/relacionado. Y quizás la sublimación de la realidad -como escapatoria inaprehensible- provenga de una falta de comprensión debido a la incapacidad del intelecto para abarcar la totalidad.

       Lo cual de ninguna manera neutraliza la existencia de lo absoluto: al revés, lo potencia de forma indirecta. Y en el mundo material, para el individuo, tal vez lo "absoluto" se traduzca en una apertura a lo inmediato, a lo cercano, a la ayuda mutua dentro de las inter/relaciones humanas. El reto de la superación... a través del desprendimiento del material conceptual obsoleto, que impide la realización.

       El conocimiento en sí carece de entidad y de definición, y más bien con el nombre se quiere enunciar una actitud existencial de eterna búsqueda de un bien aceptable para la mente. Y es probable que el ansia de conocimiento provenga del vacío asociado a la receptividad. Por otra parte, hablar de "conocimiento" es creer en posibilidades inexistentes y en poderes ilusorios. Y eso en un estado transitorio de la evolución.

       Por contra, el entendimiento se auto-denomina, y clarifica, como trascendente; intuición de tipo carismático limitada en el aspecto físico. Desde el punto de vista social, aspira a la armonía, en una utópica distribución equitativa de los medios disponibles en el entorno del individuo. Y mientras el conocimiento se reafirma en la re/estructuración de una fuerza jerárquica, el entendimiento tiende a la concretización de un ideal.

       Preservando la experiencia de lo espiritual, la energía existencial del individuo está enfocada y dirigida -a veces contra su voluntad- en lo vivencial y a lo convivencial. Acaso la experiencia de vida le sirva para afinar su percepción mental de cara a una mayor y más positiva integración social. Quedando los hechos de carácter extraordinario sujetos y dependientes de un ejercicio dominante de la voluntad.

       C. es un exponente claro de este pretender sobrepasar los límites de la percepción queriendo perpetuar inconscientemente una tradición de conocimiento cristalizado, heredado de las fuentes del contacto de transmisión social, el cual ignora por completo, pero que ha sido aceptado por la mayoría. Y esa cristalización se ha dado en llamar "vía iniciática", olvidando quizás que la verdadera iniciación se realiza con el enfrentamiento nuevo a las circunstancias exteriores al sujeto. Puesto que la iniciación trata de una manifestación espontánea de la potencialidad: es decir, no es de carácter contemplativo, y sí por el contrario está determinada por la acción.

       En principio, el proceso de iniciación conlleva implícito la separación absoluta del entorno y un desprendimiento total del lastre previamente adquirido a nivel mental. Y el logro del empeño iniciático sólo es posible con la condición posterior de una plena integración al medio, pero ahora consciente de su función. De no ser así se perdería el sentido de la realidad. Y eso sería el fracaso de la inadaptación, con sus consecuencias de debilitamiento de las facultades. El ser necesita el despliegue efectivo de la potencialidad, siempre que conduzca a una mayor concienciación personal. Aquí la iniciación supondría la capacidad del conocimiento de sobreponerse al nivel instintivo que le marca su naturaleza.

        Quizás lo que se llama "sabiduría" no sea otra cosa que una actitud ante la vida que se ajusta al comportamiento admitido por la generalidad de individuos. 

       Expresado de forma más escueta y sencilla, tal vez sea válido este sabio refrán: "Pedir a los hombres veras... es pedir al olmo peras".

       Aunque aquí se contraponen ya los intereses puramente personales respecto de la comunidad. Y eso pertenece al reino "puro" del egoísmo... más exaltado, valga la paradoja. El origen de las especies... conflictivas.]  

       De cómo un chispazo ilumina la mente de C.: y, en un instante de lucidez, éste recapacita sobre las cargas auto/impuestas por la necesidad en la trayectoria de su vida y la consiguiente ceguera temporal o no que ello conllevaY de lo que pasaba con B.

       19 de noviembre de 2009.

       "Está claro -se decía C. para justificar su propósito-: hay que ceñirse a lo que es esencial. Y dejarse de cuentos... Todo lo que no sea "esencial" me va a entorpecer las cosas. ¿Qué es "esencial"? Quizás todo lo que no necesito, lo que me sobra... haya de desaparecer. La mansedumbre y el servicio, serían la respuesta exacta conforme a vivir en parte activa la esencialidad. La destrucción del ego en aras del sentido comunitario. Y ello conlleva una receptividad mutua. Es el último grito en filosófico puesto de manifiesto. Pero en el fondo ya bastante añejo el postulado. Y el sentido de la vida...".

       Una metáfora (casi un acertijo):

       El amado se resiste, la amada enloquece... y, refloreciente, la margarita de pétalos de oro mira las caras

       ¿Y B.? ¿Qué era de B.?

       B. se anduvo a su aire, sin importarle un ardite el qué dirán... Bastante fresca en sus poses y opiniones y riéndose a mandíbula batiente de todos los pesados y los retorcidos que se cruzaban en su camino. Ella no tuvo que machacarse el cerebro para llegar a lo esencial porque había nacido con lo esencial incorporado. Y para ella lo "esencial" era el amor y la risa. Desbaratar los castillos de naipes a carcajadas. Y deleitarse, por el momento, en lo mejor que la vida podía ofrecer. Ya le habían complicado suficiente la existencia como para no tomarse un respiro, pensaría. 

       "¡Y viajaré, viajaré y viajaré!", se exclamaba gozosa la adorable B.

       "¡Y yo que me apunto!", le sugirió O., su amiga inseparable del alma.


      De cómo C. se ha descubierto a sí mismo -es decir, a su "verdad" relativa-, y de las reflexiones acerca del error

23 de enero de 2010.

      Y ello, con su promesa de transformación de la realidad, le parecía un reto insuperable.


       En donde C. se promete a sí mismo el ser más fuerte en lo sucesivo para captar bien las impresiones que se generan con la proyección de las ideas

      3 de septiembre de 2010.

     "Sí, horadar ese muro".

     "Errar... -se decía- es como arar: destripar la tierra y abrir surcos para depositar la semilla. Y ni yo ni la simiente sabemos qué será después...".

     Nuestro buen C. se está acercando cada vez más al problema extrínseco de la vida, que consiste en la lucha denodada contra la impotencia que se crea debido a la falsa apreciación de esa realidad. 

     "Esa impotencia te reta, pero no te vence", pensaba en sus horas vacías, lejos de la imagen danzante de B. 

     Lo suficiente para que sople y se disperse el viento...

C. sueña que soñaba.

2 de octubre de 2011.

B. seguía montada en su alazán "Intrépido", y éste golpeando con sus cascos las rocas, de donde saltaban las chispas y brotaban los manantiales.

Y ésta, viendo que su ropa le molestaba, decidió quitársela y montar desnuda y a pelo el animal. Claro que se cayó innumerables veces, pero se sobrepuso al contratiempo y se agarró de nuevo a las crines con redoblada fuerza. Tanto corría, que parecía que volaba desaforada sobre la piel de la sudorosa bestia.

En realidad, se trataba de una mala noche de pesadillas de C., que no podía dejar de soñar con las cosas del mundo y con lo que hacía su adorada B. en el tiempo perdido en el que sus ojos no contemplaban de cerca su atractiva figura.

                                                                                     continuará...